Año 2026
"Cinco Sauces Amigos Unidos" recrea la "Pulpería Charata"
La Agrupación "Cinco Sauces Amigos Unidos" propone un viaje al centro mismo de la sociabilidad campesina de entre siglos, con la recreación de la "Pulpería Charata", un establecimiento que funcionó en el interior más remoto del departamento de Tacuarembó, allá donde los caminos de tierra eran las únicas vías de comunicación y las distancias se medían en jornadas de a caballo.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando más del 60% de la población del país vivía en el medio rural, las pulperías eran mucho más que simples comercios. Constituían el centro social por excelencia, el punto de encuentro donde la soledad de la campaña se disipaba entre naipes, bebidas y conversaciones. Bajo esa premisa, Cinco Sauces ha decidido rescatar la memoria de la "Pulpería Charata", ubicada en el paraje Rincón de Charata, a un kilómetro de la margen derecha del arroyo del mismo nombre, cuyas aguas desembocan en el Arroyo Malo.
El lugar elegido para esta recreación tiene una ubicación estratégica en la geografía histórica de la región. Se encontraba cercana a una antigua ruta de carretas y diligencias que venían por el Paso de Polanco hacia el Paso de Colman sobre el Arroyo Malo, para llegar finalmente a San Fructuoso —hoy Tacuarembó—. También estaba próxima a otro camino que se dirigía a Paso Hondo desde el Arroyo Malo, hasta llegar a Clara y al Tacuarembó Grande. A unos 120 kilómetros de la ciudad de Tacuarembó, este era verdaderamente el interior profundo.
La pulpería fue fundada por Don Andrés Amoza López, un inmigrante gallego llegado a Uruguay en la década de 1860, quien decidió avecindarse en el hermoso paraje de Charata y dedicarse al comercio rural. Casado con Doña Tomasa Iparraguirre, Don Andrés instaló su negocio y se convirtió en una de esas figuras centrales de la campaña: el pulpero que no solo vendía mercancías, sino que oficiaba de banquero, prestamista y rematador de ganado, tierras e inmuebles.
En la Pulpería Charata ocurría de todo. Se podían tomar bebidas alcohólicas —aguardientes, chichas y cañas— mientras se participaba de riñas de gallos, partidas de dados, interminables juegos de truco y otros naipes, partidos de bochas o jugadas de taba en el terreno aledaño. Los fines de semana se organizaban carreras de caballos, las populares cuadreras, con sus correspondientes apuestas llamadas pollas. Y como no podía faltar en esos ámbitos de machos y pasiones encendidas, también eran frecuentes los duelos criollos por el amor de una mujer, que podían terminar con los facones desenvainados.
Con esta recreación, "Cinco Sauces Amigos Unidos" invita al público a transitar un túnel del tiempo que conduce al corazón latente de la vida rural, ese que fue precursor de la vida social moderna. En su fogón, los visitantes podrán apreciar cómo eran los días típicos de la población rural de finales del siglo XIX, sus costumbres y, por supuesto, esas pilchas gauchas que tanto nos enorgullece vestir en nuestros días.