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El Relincho

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Sociedad Criolla "El Relincho"

Año 2026

La Sociedad Criolla "El Relincho" propone una representación que se adentra en la intimidad de un hogar humilde del norte uruguayo durante el siglo XX, donde la pobreza de recursos se compensaba con la riqueza de un saber ancestral: el conocimiento de las plantas medicinales, esos "yuyos" que curaban el cuerpo y sostenían el alma de la familia.

La historia transcurre en un rancho sencillo de madera, adobe y paja, de esos que salpicaban la campaña norteña en las primeras décadas del siglo pasado. En aquellos tiempos la higiene era limitada y las enfermedades —gripes, problemas estomacales, dolencias musculares— eran visitantes frecuentes. Donde no llegaba el médico ni existían las farmacias, llegaba la sabiduría acumulada durante generaciones: el conocimiento de las plantas que crecían en los campos y montes cercanos.

Esta familia de escasos recursos había heredado un saber profundo sobre las propiedades curativas de la flora autóctona, conocimiento que venía de los pueblos originarios y de tradiciones transmitidas en voz baja de madres a hijas, de abuelos a nietos. Los hombres se internaban en terrenos lejanos para recolectar la materia prima, mientras las mujeres, en el hogar, preparaban infusiones, decocciones y maceraciones que aliviaban los males de la familia y de los vecinos.

En aquel rancho no había tareas exclusivas: todos trabajaban porque todos eran necesarios. Los niños ayudaban desde pequeños, aprendiendo a reconocer las plantas, a saber cuál servía y cuál era venenosa. Era una escuela sin pupitres ni pizarrones, pero de las que dejan huella para toda la vida. Lo que la familia no consumía, lo intercambiaba en las pulperías o con los vecinos por alimentos, ropa o herramientas, convirtiendo el conocimiento en moneda de cambio.

La vestimenta era humilde pero funcional, y en el centro de la convivencia estaba siempre el mate, esa ronda de cebar y compartir que era el momento de reunión, de conversación y de transmisión de saberes. El conocimiento de las plantas también se extendía a curar los animales del campo, usando hojas de nogal contra pulgas o saúco para la sarna, en un mundo donde los recursos eran escasos y el ingenio abundante.

Con esta representación "El Relincho" rinde homenaje a esas familias anónimas que poblaron nuestros campos en tiempos donde los antibióticos aún no habían llegado al medio rural. Los yuyos no eran sólo un recurso: eran una forma de enfrentar la enfermedad y el sufrimiento, un saber que dignificaba la pobreza y mantenía viva la conexión con la tierra y con los antepasados.




Yo no tengo en el amor Quien me venga con querellas; Como esas aves tan bellas Que saltan de rama en rama, Yo hago en el trébol mi cama, Y me cubren las estrellas."

- Martín Fierro