Lazo, Rienda y Boleadora: El Abrazo del Monzón
El Abrazo del Monzón es un evento histórico clave en la lucha por la independencia de la Banda Oriental, ocurrido el 29 de abril de 1825 cerca del arroyo Monzón, en lo que hoy es el departamento de Soriano. Este episodio marcó un punto de inflexión en la revolución liderada por los Treinta y Tres Orientales, consolidándose como un símbolo de unidad y estrategia en la lucha independentista.
A lo largo de la historia, el Abrazo del Monzón ha sido objeto de debate debido a las múltiples versiones que existen sobre lo sucedido. Algunos historiadores sostienen que Fructuoso Rivera fue tomado prisionero y forzado a elegir entre unirse a la Cruzada Libertadora o ser fusilado. Otros, en cambio, afirman que ya había pactado su adhesión a la causa. Lo único cierto es que ambos caudillos, Rivera y Juan Antonio Lavalleja, permanecieron reunidos a solas durante dos horas antes de salir juntos como aliados. Este encuentro representa un momento simbólico de unión en la lucha por la independencia y destaca cómo la estrategia política y militar jugaron un papel fundamental en la formación del país.
Fructuoso Rivera, quien había sido uno de los principales líderes de la lucha independentista junto a José Artigas, se había unido al bando portugués en 1820 y luego sirvió al Imperio de Brasil tras su independencia en 1822. Su deserción ha sido ampliamente discutida y politizada, pero su prestigio en la campaña lo convertía en una figura clave para atraer apoyo popular a la revolución.
Antes de la Cruzada Libertadora, Juan Antonio Lavalleja intentó contactar a Rivera desde Buenos Aires, pero este entregó las cartas al general Lecor, gobernador de la Provincia Cisplatina. Sin embargo, según algunas versiones, Juan Manuel de Rosas habría intervenido en secreto a través de Bernardina Fragoso, esposa de Rivera, para acercar a ambos caudillos.
El hecho es que el 29 de abril de 1825, en un rancho cercano al arroyo Monzón, se gestó el pacto de "compadres" que marcó un hito en nuestra historia. Diversos testimonios coinciden en que, en el Monzón, Fructuoso Rivera fue prisionero o víctima de una celada. En primer lugar, porque desde tiempo atrás había sido informado directamente del plan lavallejista. En segundo lugar, porque tenía conocimiento detallado del desembarco y movimientos de los cruzados, como lo evidencia una carta enviada días antes del encuentro a Félix Olivera. Como bien señala el historiador Arbelio Ramírez, "llama la atención que Rivera, con su experiencia militar, al observar las fuerzas que se acercaban, las confundiera con las de Calderón, las cuales, por ser fuerzas regulares, se suponía que portarían un distintivo que las diferenciaría de las heterogéneas fuerzas de Lavalleja".
Además, resulta extraño que un jefe del rango militar de Rivera se adelantara con una pequeña escolta para recibir, en un gesto casi complaciente, a las fuerzas que, siguiendo órdenes de fortuna, se le incorporaban. Este hecho refuerza la idea de que el encuentro fue más una estrategia calculada que un acto fortuito.
El Abrazo del Monzón no solo fue un momento decisivo en la lucha por la independencia, sino también un ejemplo de cómo la diplomacia y la astucia pueden ser tan poderosas como las armas en la construcción de una nación.
Lazo, Rienda y Boleadora: Una Inmersión en la Vida Criolla
En esta ocasión, nuestra sociedad criolla nos transporta a una representación a escala de una fonda ambientada a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Las fondas, características establecimientos de la época, ofrecían comida, bebida y alojamiento en un entorno informal y acogedor.
Consideradas como lugares de descanso para los viajeros, las fondas en la Banda Oriental eran conocidas por ofrecer platos tradicionales de la región, como el asado, las empanadas y el puchero, entre otros manjares típicos. El alojamiento que brindaban era altamente valorado por los viajeros, quienes apreciaban la comodidad y hospitalidad en medio de las largas distancias y los difíciles caminos de la época.
Para los lugareños, las fondas representaban mucho más que un simple lugar para comer y dormir; eran auténticos centros de recreación y encuentro social. En estos espacios, la comunidad se reunía para compartir historias, intercambiar noticias y disfrutar de la compañía de amigos y vecinos, creando vínculos y fortaleciendo lazos en un ambiente de camaradería y tradición criolla.
Representa la estancia "Villa Manuela", como elemento simbólico de la importancia del fenómeno migratorio, de la incidencia de los elementos modernizadores como los medios de transporte y comunicación, y los nuevos sistemas de producción de principios del siglo XX que hicieron que las familias se afincaran en el medio rural.
Una historia que se repite, Francisco María González, oriundo de España, llega al Uruguay en 1886 a la edad de dieciséis años y con su visión comercial, identifica un punto comercial estratégico a escasos 25 km de Pampa, en la zona de Piedra Sola, donde confluirían las vías férreas que unían Salto-Paysandú con Tacuarembó-Rivera-Montevideo.
Es en Piedra Sola donde Francisco María se establece ya de forma permanente, y donde comienza a incidir en el desarrollo del lugar con aportes relevantes, no solo para Piedra Sola sino para toda su zona de influencia. Es ahí donde conoce a Doña Manuela Saldías, hija de Don Bautista Saldías, un conocido hacendado de la zona. Apenas entrado el siglo XX, Francisco María y Manuela contraen matrimonio el día 20 de mayo de 1902.
Al momento de contraer matrimonio, Francisco había logrado amasar una fortuna considerable y era propietario de una gran extensión de campo en Piedra Sola, por lo que decide construir un casco de estancia como lugar de residencia para él y su familia, y llamarlo Villa Manuela en honor de su esposa. En un estilo español-morisco, con su patio central y su fuente, construida con materiales transportados por el ferrocarril, la estancia fue y es reflejo de la época y de su dueño. Inclusive hoy, a más de cien años de su construcción, puede apreciarse la calidad de sus líneas que aún se imponen "en el borde alto de la cuchilla a orillas del pueblo, sobre el camino al Arbolito..."
El objetivo de su representación es resaltar la importancia de pequeños actos que lograron marcar hitos de nuestra historia, plasmados en un yesquero (único bien que Artigas poseía en ese momento) y que nuestro prócer obsequió en señal de gratitud por la ayuda recibida a Don Teodosio De La Quintana.
El yesquero que encendió la chispa de nuestra gesta libertadora se puede apreciar en una de las salas del Museo Municipal "Bautista Rebuffo" en Colonia del Sacramento.
¿Qué es y cómo funciona un yesquero?
Es un pequeño recipiente utilizado para portar la yesca destinada a encender el fuego. También el "yesquero" (como término genérico) está formado por tres partes principales: 1- el hornillo o yesquero propiamente dicho, 2- el pedernal y 3- el eslabón.El primitivo yesquero se fabricaba con una punta de cuerno, con una pequeña tapita de cuero. También se los hizo de madera y de mate o calabaza y con la mayor de las frecuencias se utilizaba la cola seca de una mulita o tatú carreta. Son los de cola de mulita los más funcionales, hermosos y hoy raros y buscados, de todos los yesqueros regionales. Por lujo se le agregaron virolas y tapas de plata. En la mayoría de estos yesqueros salían del hornillo una, dos o tres cadenitas: en ocasiones una tercera para sujetar el eslabón que a veces se presentaba como pieza separada.
El pedernal era una piedra para hacer chispa. En su forma más conocida consistía en un trozo de cuarzo llamado "silex pirómaco" de aspecto traslúcido y colores que van desde el gris ceniza hasta el negro. El pedernal fosforece por frotamiento y entonces desprende un característico olor ligeramente bituminoso.
El eslabón era un trozo de hierro o acero y se utilizaba para percutir el pedernal y así crear por frotamiento la chispa que enciende la yesca. Su nombre deriva, probablemente, porque en viejos tiempos fue un pedazo de eslabón de aquellas duras cadenas que tanto servían de grillos, como para levantar el puente de una fortaleza, o manejar una maza. En ocasiones el eslabón tenía rayaduras o dientes que aumentaban la fricción con el pedernal y se encontraba parcialmente cubierto por una envoltura de plata que a su vez lo unía con una cadenita al hornillo.
Se coloca el pedernal en la palma de una mano y se aproxima la yesca utilizando el dedo pulgar e índice. Luego se golpea repetidamente con el eslabón con la otra mano. Enseguida que la chispa prendía la yesca, se reavivaba la llama soplando y finalmente se encendía el cigarro o la lumbre.
Representan al circo criollo de los hermanos Podestá, a todos los inmigrantes que apostaron a la construcción de nuestra patria, no solo con su incansable trabajo, sino con sus aportes culturales que junto a las costumbres y tradicionales criollas y nuestra idiosincrasia oriental.
Es evidente que el circo criollo trasciende a la pantomima gauchesca, siendo un espectáculo descendiente de la tradición europea, desarrolla características que lo identifican como un género particular.
Su público está compuesto de niños, adultos, criollos e inmigrantes e incorpora bailes, canciones, payadores y obras locales.
Se caracteriza por los actos que componen su programa y que reúne bajo la misma carpa, pista y escenario, por lo que la gente ríe con los títeres y sufre con el drama o la representación final.
Su historia se desvanece cuando se levantan las carpas transmitiendo los senderos en forma oral entre los que integran el clan.Representan la estancia "La Gloria" ubicada en cercanías del poblado Piedra Sola, que perteneció al General Antonio de Souza Netto. La propuesta destaca el aporte de Souza Netto en cuanto a la actividad agropecuaria, y al aporte social y migratorio que produjo introduciendo esclavos, soldados y formando la población del lugar.
Recrean la estancia de Nuestra Señora de los desamparados, ubicada en el departamento de Florida.
Data del año 1746, de los Padres Jesuitas españoles de la Compañía de Jesús.
Recreó "puesto Porta San Miguel"
Obtuvieron el 4 lugar del Gran Premio de Patria Gaucha.
En prueba de "Riendas Criollos de América" para jóvenes de hasta 17 años el premio fue para Álvaro Viera.
En "monta sobre el Revolcón" obtuvieron un premio compartido con las Sociedades "Batoví-Bonilla" y "Atri".
Yo no soy cantor letrao, Mas si me pongo a cantar No tengo cuándo acabar Y me envejezco cantando: Las coplas me van brotando Como agua de manantial."
- Martín Fierro