El Fogón de Curtina revive su historia: cuando el arte, la fé y el campo se dieron la mano
Publicado el 10/03/2026
En una tarde que convocó a la memoria rural, la Aparcería "El Fogón de Curtina" se convirtió en el escenario de una representación teatral histórica que rescató el legado de un establecimiento único en la campaña de Soriano. La puesta en escena recordó cómo aquella estancia logró conjugar en su época de esplendor tres dimensiones fundamentales: el arte, el desarrollo productivo y la religiosidad popular.
La representación, llevada a cabo en el día de hoy, no sólo buscó recrear las dinámicas de la vida de campo, sino poner en valor un patrimonio cultural que tiene un nombre y un apellido de peso en la historia del arte uruguayo: José Luis Zorrilla de San Martín.
El hilo conductor de la narrativa histórica fue la presencia de una obra de notable valor patrimonial en la antigua estancia: la escultura del Sagrado Corazón. Esta pieza fue realizada por el reconocido artista José Luis Zorrilla de San Martín, una figura clave en la escultura nacional.
La representación destacó la relevancia del artista, no sólo por su propio talento, sino por su linaje. Hijo del "poeta de la patria" Juan Zorrilla de San Martín, y padre de cinco hijas, entre ellas la célebre y multifacética China Zorrilla, el escultor llevó su arte más allá de los salones y palacios para insertarlo en el paisaje rural. La escultura del Sagrado Corazón es hasta hoy un testimonio de cómo el arte de élite encontró un hogar en el corazón de la campaña, integrándose con la inmensidad del horizonte y la cotidianeidad del trabajo de campo.
El evento en "El Fogón de Curtina" sirvió para subrayar cómo aquel establecimiento rural fue mucho más que un simple centro de producción. Los organizadores de la representación lograron transmitir la visión integral de una estancia que supo ser, al mismo tiempo, un motor económico, un refugio espiritual y un mecenazgo artístico en medio de la campaña.
El arte, materializado en la escultura de Zorrilla de San Martín, que embelleció y dio identidad visual al paisaje.
Lo productivo, como motor de vida y sustento de la comunidad que la rodeaba.
La religiosidad, como eje vertebrador de la vida social y espiritual, con el Sagrado Corazón como símbolo de fe en el territorio.