Año 2026
"Rincón de la Aldea" honra la memoria de Alcides Pedrozo, guasquero y músico de La Hilera
La aparcería "Rincón de la Aldea" propone un emotivo viaje a 1916 para rescatar la vida y obra de Alcides Pedrozo, un hombre de campo multifacético que supo combinar los oficios de guasquero, músico y peluquero en los parajes de "La Hilera" y "Rincón de la Aldea", en el departamento de Tacuarembó.
Alcides Pedrozo y su esposa, Narcionila Píriz, se mudaron en abril de 1971 a Rincón de la Aldea, un paraje ubicado sobre la ruta 26, a unos 12 kilómetros del centro de Tacuarembó, zona de donde precisamente proviene la aparcería. Sin embargo, la representación se centra en los años de juventud de Alcides, cuando habitaba en La Hilera, a unos 63 kilómetros de la capital departamental, con acceso por la ruta 59.
Allí, en un característico galpón de dos aguas con techo de paja y paredes fajinadas —construidas con barro y paja— Alcides desarrollaba su labor como guasquero, un oficio fundamental para el hombre de campo de aquella época. En ese espacio, que contaba con una ventana y dos puertas, se podían apreciar las diversas herramientas con las que elaboraba preparos completos y distintos trabajos en cuero, destinados tanto al uso diario como a la venta para los vecinos de la zona. Cada pieza de guasquería —sogas, maneas, rebenques y aperos— era fruto de una destreza artesanal transmitida de generación en generación.
Pero Alcides no vivía solo del cuero. Se desempeñaba también como peluquero en la zona, oficio del que terminó jubilándose. Sin embargo, era principalmente conocido por su faceta musical. Solía recorrer los bares de La Hilera y sus alrededores trasladándose en una volanta con sus instrumentos, llevando música y alegría a los pagos más apartados. De esa veta artística nació un legado que perdura hasta nuestros días: su nieto, el cantautor Gerardo Pedrozo, es hoy un reconocido músico que ha llevado el nombre de Tacuarembó a todo el país.
Alcides y Narcionila formaron una familia numerosa. Tuvieron dos hijos, Denis e Ideoclesio, siendo este último el padre de Gerardo. La sangre artística y trabajadora del abuelo encontró así continuidad en las nuevas generaciones.
Con esta representación, Vecinos Unidos de La Aldea rescata la vida sencilla y trabajadora del hombre de campo, poniendo en valor el oficio del guasquero y la importancia de las pilchas gauchas como parte esencial del diario vivir.