Año 2026
A Orillas del Tacuarembó: ATRI honra a las lavanderas
La Agrupación Tradicionalista de Rivera (ATRI) propone una recreación que brota del agua y la memoria, un homenaje a uno de los oficios más nobles y silenciosos del norte uruguayo: la vida de las lavanderas del río Tacuarembó, mujeres que hicieron del agua un taller y del sacrificio una herencia transmitida de generación en generación.
La representación está inspirada en la historia real de Damiana Suárez (1895) y de su hija adoptiva María Suárez, conocida como Doña Dorna. Dos mujeres, dos generaciones, que sostuvieron hogares, criaron hijos, remendaron ranchos y blanquearon pilchas durante décadas en la zona de Tranqueras, dejando una huella profunda en la identidad de ese rincón de Rivera y de todo el país.
A través de la reconstrucción del rancho humilde donde vivieron, del fogón que las cobijaba en las noches frías, del pozo de donde extraían el agua, de las herramientas de lavado —bateas de madera, tablas de restregar, jabones artesanales— y del entorno que las rodeaba, "ATRI" rinde homenaje a esas mujeres invisibles que cuidaron la dignidad de un pueblo entero.
Las lavanderas del río Tacuarembó se levantaban antes del alba, cuando la neblina aún cubría las aguas. Cargaban sobre sus cabezas los atados de ropa ajena y caminaban leguas hasta llegar a las piedras del río, ese lugar que era a la vez taller, confesionario y espacio de encuentro entre mujeres. Allí, de rodillas, restregaban horas enteras, cantaban, compartían penas y alegrías, y mientras sus manos se curtían con el jabón y el agua fría, sostenían la economía familiar y la dignidad de quienes vestirían esas prendas.
Por eso, este homenaje a las lavanderas —y en particular a la historia entrelazada de Damiana y Doña Dorna— no es solo una recreación: es un acto de identidad profunda. Es Rivera contándose a sí misma, reconociéndose en esas mujeres de rodillas junto al agua. Es "ATRI" honrando sus raíces y dignificando los oficios del pasado que construyeron el presente.
Es, sobre todo, un tributo a las mujeres que, generación tras generación, lavaron el tiempo y sostuvieron la memoria. Porque cuando honramos a nuestras lavanderas, honramos a nuestras abuelas. Cuando honramos su trabajo, honramos nuestras pilchas gauchas, esas prendas que hoy lucimos con orgullo en cada fiesta criolla.
Y cuando "ATRI" las trae al escenario de la fiesta más criolla del país, Rivera entero se levanta con ellas, reconociendo que en esas manos curtidas por el agua y el jabón también se forjó -silenciosamente- la patria.