Año 2026
"Batoví - Bonilla" reconstruye una posta de campaña
La Sociedad Criolla "Batoví-Bonilla" propone un merecido homenaje a esos lugares fundamentales pero poco recordados de la historia rural: las postas, establecimientos que durante siglos fueron el sustento de las comunicaciones terrestres en la campaña uruguaya.
Según la investigación realizada en fuentes históricas como "Pulperías, Diligencias y Postas" de Francisco Olarte (1870), la posta se definía como "lugar donde se alojaba todo lo referente al servicio y atención para vehículos y viajeros en los caminos, albergándolos por las noches, brindándoles comida y dándoles lugar a cambiar los caballos". En la práctica, estos establecimientos cumplían múltiples funciones: eran a la vez bar, almacén, hostería y punto de relevo para las diligencias que recorrían el país. Allí funcionaron también las primeras oficinas de correo, convirtiéndose en el nexo indispensable entre los poblados más apartados y el resto del territorio.
Cada posta contaba con una persona encargada de su organización, cuyo cargo era otorgado por el Estado y se denominaba "maestro de posta". Este hombre era el responsable de mantener los caballos listos, administrar el establecimiento y garantizar que viajeros y vehículos encontraran todo lo necesario para continuar su camino.
Junto a él trabajaban los postillones, figuras esenciales en el sistema de comunicaciones. Eran las personas encargadas de conducir los caballos y guiar las diligencias entre una posta y otra . Su trabajo consistía en llevar a los viajeros por los caminos, cuidar los caballos y asegurarse de que el viaje continuara de forma segura, además de garantizar el regreso de los caballos a la posta de origen. Enfrentaban constantes riesgos: asaltos de malhechores, inclemencias del tiempo y caminos que muchas veces no estaban delineados, atravesando campos abiertos donde era fácil perderse.
Las postas estaban ubicadas estratégicamente en sitios claves, a distancias adecuadas para el relevo de los caballos. En ellas, los viajeros encontraban no sólo caballos frescos para continuar, sino también alojamiento para pernoctar y comida en sus fondas, donde se acumulaban los relatos de anteriores viajes, con sus peligros y aventuras.
Con el paso del tiempo, se creó un reglamento de postas que fue modificándose según las necesidades de cada época. Esas reglamentaciones, precisamente, fueron las que orientaron a Batoví-Bonilla para ambientar con fidelidad la posta que hoy presentan en el predio de la Patria Gaucha.
La representación busca rescatar la memoria de estos establecimientos que, hasta bien entrado el siglo XX, fueron el único vínculo entre las ciudades y los pueblos más aislados. De ellos dependía el correo, con las noticias y los envíos de parientes lejanos; también la información sobre lo que acontecía en la capital y en el mundo; y por ellos llegaban las pagas de los sueldos que permitían el intercambio comercial y daban vida a los pueblos.